Miro de frente y los colores de diferente vestiduras detrás del cristal distorsionan la imagen pérfida de un ser sin alma... apacible, impune, conciente de que no puedo provocarle daño, sabe q si en un ataque te furia rompo la vidriera... sin problema alguno aparecerá en el próximo cristal del próximo local... sea de ropa o de zapatos. Mira vorazmente, busca en mí algo que no encuentra en si mismo, envidia, pero escruta aquello que puede criticar.
A pesar de lo disipado de la imagen, ve desmedidos defectos en ínfimos detalles. Me viste y desviste en media calle, me humilla entre toda esa gente desconocida con esos ojos violentos y carentes de respeto alguno por aquel que lo saca de su mundo místico para traerlo a este mundo material y ponerlo dentro de una delgada lamina de cristal, aprisionándolo implacablemente, arrastrándolo por aquellas aberturas consumistas en las torres vacías y ruidosas.
Sus ojos me lastima, la vulgar demencia me obliga a girar, ignorarlo y caminar... pero por el rabillo del ojo lo veo seguirme en cada paso. Desaparece en cada columna, en cada calle, pero no hay dudas... esta allí, caminando a mi lado, como un espíritu ansioso esperando que muera para tomar mi cuerpo, deseoso de saber que se siente ser yo, ansioso de salir de esa prisión fantasmal que le arrebata cualquier tipo de sensación, que lo mantiene muerto mientras ve a aquel que ocupó su lugar en el otro mundo detrás del cristal.
Apuro el paso. El tumulto deja de tener rostro, ellos ya no son personas... ninguno me mira, todos caminan realizando rituales sin sentido, me convenzo de q no son personas, son otros seres igual que el... de alguna manera entré a su mundo mirando por esa vidriera, perdí el rumbo y ahora camino entre estos seres sin alma. Aquellos que giran para mirar, no lo hacen porque corro sin sentido de alguien que no puedo dejar atrás... lo hacen porque ven algo raro en mi, algo que no pertenece a su mundo. Ninguno actúa, solo observan y esperan encontrar alguna explicación detrás mío, o delante, pero la única explicación aparece y desaparece a mi lado, en una vidriera... a veces mas alto, a veces mas bajo... pero siempre es como yo... o quizá yo soy como el, y en realidad soy yo el que estuvo encerrado en la prisión de cristal y ahora veo el mundo en su total realidad.
El sudor corre por mi frente, calor... desesperación, mi respiración se violenta, mis pulmones no alcanzan. No puedo dejarlo atrás, me sigue... me sigue... empiezo a sospechar que cuando no lo veo directamente, el deja su ritual de imitarme al pie de la letra, para girar la cabeza y mirarme bien, para leer mi desesperación y empujarme a la demencia... lo esta logrando, lo logró. Invadido por la desesperación cruzo una calle, las luces se apagan, un zumbido, calor, frío...
La siguiente imagen es borrosa, translucida. Me cuesta trabajo ver algo nítido en ella, es como un espejismo, todo a mi alrededor, las calles, la luz, las personas... incluso aquella multitud, aquella q rodea a un desafortunado cadáver. Me acerco y lo veo, soy yo tirado en el piso. Su sangre, mi sangre, abre un agujero rojo en el suelo, pero no siento nada, ni terror por aquella fantasmal pesadilla, ni perplejidad por ver mi cuerpo levantarse. Mi cara, su cara, carente de expresión alguna abre sus ojos, mis ojos. De repente las expresiones la invaden, expresa dolor, pero es extraño... es casi como ver a un bebe sufrir sus primeros golpes.
De repente, aquel cuerpo, mi cuerpo, me mira... reconozco esos ojos, envidia y sorpresa. Son penetrantes, parecen escarbar en cada milímetro de mí, averiguando todo lo que puede en un solo vistazo. Su mirada me incomoda, sonríe malévolamente y luego se mira a si mismo, toca sus manos, mis manos. Hurga todo su cuerpo, mi cuerpo. Entonces noto que nadie mas me ve, solo él. Pero eso no me causa ninguna sensación... porque las perdí todas, estoy muerto y ese ser ocupó mi lugar... cambiamos de mundos... ahora soy yo el espejismo que lo perseguirá eternamente, y que dejara de existir cuando el deje de respirar.